El matrimonio igualitario en la colonia


El pasado viernes, 26 de junio de 2015, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América (SCOTUS) dictaminó que es legal que los ciudadanos estadounidenses se casen con la persona que aman sin importar su sexo u orientación sexual. El matrimonio igualitario es legal en Estados Unidos de América (EUA) y sus territorios. En Puerto Rico, siendo un territorio colonial de los EUA, aplica la decisión del SCOTUS, la cual puedes leer a continuación.

Que se imponga el resultado (en este caso un resultado deseable) en Puerto Rico a pesar de que fue decidido por jueces nombrados por un ejecutivo por el cual no votáramos, jueces que fueron confirmados por un cuerpo legislativo por el cual no votáramos, es un recordatorio de la relación colonial en la que vivimos. Esa realidad define lo que es ser colonia. No se debe malinterpretar la denuncia colonial con un reclamo de igualdad porque el interés no es votar para elegir funcionarios de otra nación. La denuncia de la colonia es una denuncia de la violación de derechos humanos del pueblo de Puerto Rico, y una exhortación al pueblo para que ejerza su soberanía.

¿Por qué Puerto Rico no aprobó el matrimonio igualitario antes?

¿Por qué tuvimos que esperar a que el SCOTUS impusiera el matrimonio homosexual en Puerto Rico? ¿Es que el pueblo de Puerto Rico es muy conservador? ¿A caso los “líderes” religiosos vocales representan el pensar de la mayoría de los puertorriqueños? Quizás nuestros gobernantes en su inmensa sabiduría nos representaron como se supone.

No creo que esas sean las razones por la cual Puerto Rico no hubiera legalizado la igualdad de todos ante la ley. Me parece que el pueblo de Puerto Rico lleva varios años listo para ser solidarios con el amor que escojan nuestros compatriotas. Opino que la razón de la dilación radica en los gobernantes coloniales conservadores que nos impone la plutocracia y la metrópolis, y que nos hemos cohibido de actuar para corregir una situación que sabíamos que es discriminatoria e injusta.

El viernes se celebró la igualdad en Puerto Rico.  Muchos que siempre he visto luchando por la equidad, los vi llorando de emoción y celebrando. Por otro lado, el grupo ultra conservador de derecha que siempre fue muy vocal en contra de la equidad, siguen en contra y lamentan la decisión. Junto a ellos, hay un parte significativa de la sociedad puertorriqueña que sinceramente y por convicción no creen el matrimonio igualitario (en la próxima sección le escribo a ellos). Sin embargo, una gran cantidad de personas que nunca vi decir nada, o que inclusive, daban la impresión de estar en contra, también los vi celebrando.

A estos últimos, es como si les hubieran dado permiso para celebrar, o si les hubieran dicho que pueden estar de acuerdo porque es lo correcto. No descarto que sean el tipo de personas que están de acuerdo solamente cuando un tema es ampliamente aceptado. Pero me parece mas una reacción de individuos que no se atreven a decidir, que necesitan de autorización para actuar. No es una critica a estas personas, es un reconocimiento de lo que pasa y del efecto de mas de cien años de coloniaje bajo EUA (y mas de 500 años de coloniaje total). Tenemos que descolonizar a nuestro pueblo, y eso es descolonizar las mentes. Tenemos que desaprender todo aquello que nos “enseñó” la opresión de la metrópolis. Y eso se hace ejerciendo nuestra soberanía individual: el derecho y la libertad de que cada individuo decida como se va a desarrollar como persona, el desarrollo de su comunidad y el desarrollo de su nación, Puerto Rico.

Además de la inacción que la colonia nos inculca, tenemos que considerar la responsabilidad de nuestros gobernantes en que nuestra sociedad no reconociera el matrimonio igualitario antes. Es cierto que los gobernantes de Puerto Rico en su mayoría siempre han sido conservadores. Y esa ideología conservadora se refleja en nuestras leyes. Pero es que en una colonia, los partidos que gobiernan son coloniales y sirven a la metrópolis. No es coincidencia que esos gobiernos no sean progresivos, porque el pensamiento progresivo no permite subyugación a un poder externo ni la plutocracia ni el neoliberalismo, los cuales son necesarios para que el imperio explote económicamente a la colonia. Si antes no se hizo justicia a la equidad en Puerto Rico es porque los gobernantes coloniales fueron conservadores. No así la mayoría del pueblo de Puerto Rico.

¿Se impusieron los valores de un grupo a otro?

Aquellos cuyos valores religiosos no admiten el matrimonio igualitario se pregunta si el SCOTUS acaba de imponerle los valores de otros. La contestación corta es que no. Aquel que crea que el matrimonio igualitario es moralmente equivocado, puede seguir creyéndolo. No se debe confundir las creencias de cada individuo con el estado de derechos y la función del estado.

Precisamente, la función del Estado no es imponer los valores de un grupo sobre otros. El Estado en un país que aspira a ser democrático (obvio el asunto de la colonia para esta discusión) debe proteger y promover la igualdad de derechos y la libertad para que las personas se desarrollen como sea su decisión individual. Por ejemplo, debe proteger la libertad de culto y debe proteger la equidad de todas las religiones frente a las leyes. Si alguien decide que su desarrollo es a través de la libertad de culto, el Estado no lo debe impedir y debe proteger ese derecho y libertad. Dos personas que tengan cultos diferentes, tendrán el mismo derecho sin importar las diferencias entre los cultos -equidad antes las leyes. Por otro lado, aquel que crea por convicción, culto o razón que el matrimonio entre personas del mismo sexo es moralmente incorrecto, así lo permite la libertad de expresión. Igualmente, aquel que piense que es moralmente correcto el matrimonio entre personas del mismo sexo, tiene la mima liberad de expresión.

Dado que el matrimonio es también una institución legal que expande los derechos y responsabilidades de los que deciden entrar en él, lo que decidió el SCOTUS es que todas las personas tienen ese derecho sin importar su sexo y orientación sexual. Aquel que decide que su desarrollo como persona está en el matrimonio con una persona del mismo sexo, el Estado ahora protege ese derecho y esa libertad.

Algunos piensan que la decisión es una amenaza si se le requiere a una iglesia, cuya creencias no incluye el matrimonio entre personas de mismo sexo, que realicen dichas bodas. El caso del tribunal aparentemente no toca ese tema, y sin duda, para iglesias que no creen en la boda de personas del mismo sexo, su libertad de culto chocara con el derecho de las parejas del mismo sexo de casarse. Es posible que surjan casos legales al respecto. Entiendo debería predominar la libertad de culto y que no se les obligue a las iglesias, que no creen en ello, que oficien las bodas. No creo que se le debe imponer la moral de un grupo a otro. Por eso creo que la decisión fue la correcta. Una decisión diferente le hubiera impuesto la moral de quienes no creen en el matrimonio de personas del mismo sexo a quienes si creen el ello.

Evitar que un grupo imponga sus valores sobre otro se logra protegiendo la igualdad de derechos y libertad de cada grupo. Por ello es que se menciona esta coyuntura como una histórica. Es el momento donde en Puerto Rico dejamos de discriminar contra un sector de nuestra sociedad y se comienza a respetar la igualdad ante la ley. Sabemos que la discriminación contra la comunidad LGBTTI no cesará de la noche a la mañana, pero esta semana se ha dado un gran paso para la erradicación de la discriminación para la afirmación de la igualdad y libertad de los seres humanos.

Sobre el autor

Reinaldo Martínez Velázquez es gerente de proyectos en la industria farmacéutica y bloguero de Repensando La Nación. Ha escrito mas de 70 entradas en tres diferentes blogs, y ha sido publicado en el Periódico Digital Puertorriqueño La Nación, MUSPR.org y Chispero.com. Cuando no está construyendo, Reinaldo le gusta escribir de actualidades de la política de Puerto Rico. Puedes seguir a Reinaldo en su cuenta de Twitter, @lifenbits, o su página pública en Facebook, Reinaldo Martínez Velázquez.

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